La construcción, deteriorada por el paso del tiempo y el abandono, persiste a unos metros del cruce de las avenidas Plutarco Elías Calles y José María Iglesias, en el barranco en donde hace años estuvo la cascada del Arroyo de San Andrés, cuyas aguas en la actualidad corren entubadas debajo de la zona.

Se trata del molino de trigo de la Hacienda de Oblatos. No se tiene con certeza la fecha en la que fue realizado, pero se sabe que en 1841 ya existía, por lo que su antigüedad es de más de 175 años.

El profesor e historiador Víctor Sánchez Ramírez ha recabado información cartográfica, documental y testimonial en torno a lo que fue la Hacienda de Oblatos, incluidos mitos y leyendas que involucran al vetusto molino de trigo.

Uno de ellos versa en torno a que el lugar era punto de aquelarre o reunión de brujas; otros lo señalan como casa de duendes que deambulaban luego del atardecer y sorprendían a los niños que andaban alejados de sus casas, a quienes rasguñaban en la cara si no les daban algún dulce o juguete.

Otro de los míticos relatos en torno a la antigua edificación cuenta que hacia 1857, cuando el presidente Juárez vino a Guadalajara durante la crisis constitucional, se ocultó en una finca del oriente, específicamente en el molino de trigo de la Hacienda de Oblatos, y que por ello, la figura del Benemérito de las Américas suele aparecerse ahí.

De lo que sí existen datos fehacientes es que en el casco de la hacienda, hoy convertido en centro cultural, había una serie de túneles, uno de los cuales conducía a La Barranca de Oblatos, otro a un punto cercano a donde ahora está una plaza comercial y uno más hacia el Molino de Trigo. De este último túnel, aún persisten vestigios.

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